Cátedra de la Mag. Abog. Silvia Rodríguez Carrillo. ¡Bienvenida y bendecida sea tu visita!
miércoles, 20 de agosto de 2014
lunes, 18 de agosto de 2014
Saludable y esperanzadora experiencia
El éxito de una industria ubicada en la que otrora fuera la conflictiva zona de Marquetalia, Maquiladora Artículos de Seguridad (Marseg), es la muestra cabal de que muchas cosas pueden ser hechas en el Paraguay por el sector privado para brindar más oportunidades a la gente. El emprendimiento, además de dar trabajo a los jóvenes, ayuda a la reconversión social en un lugar que antes era dominado por la marginalidad. Corresponde, entonces, que esta iniciativa de carácter desarrollista sea debidamente ponderada y puesta como ejemplo para ser replicada por empresarios en otras zonas geográficas del país. La experiencia demuestra que lo que aparentaba como imposible puede ser un camino de solución a recorrer.
No ciertamente sin asumir muchos riesgos, pocos años atrás, un empresario paraguayo decidió asentar una industria maquiladora en el país. Tras captar el interés de un grupo de inversionistas brasileños, Andrés Gwynn instaló Maquiladora Artículos de Seguridad (Marseg) en la zona de Marquetalia, una localidad surgida de un asentamiento que durante mucho tiempo estuvo vinculado con la marginalidad.
En unos 7 años, la firma, dedicada a la fabricación de calzados de seguridad industrial, generó más de 1.400 empleos, con una producción de 24.000 pares diarios. Se constituyó de esta manera en uno de los exportadores del ramo a destacados lugares de la región, Latinoamérica e incluso al exigente mercado de los Estados Unidos.
En el curso de una entrevista publicada recientemente por nuestro diario, Gwynn explicó que parte importante del éxito se debió al compromiso de los trabajadores paraguayos y a la calidad de la mano de obra eficiente. Este nivel de concienciación, señaló, quedó evidenciado desde el comienzo, cuando se envió a un grupo de 30 jóvenes al Brasil para recibir capacitación especializada durante dos meses.
En la nota, Gwynn refiere que al comienzo del proyecto muchos descreyeron la viabilidad del mismo. “Incluso me trataron de inconsciente por haber decidido montar nuestra empresa en una zona marginal, pero pensé que si había gente en esa zona marginada era simplemente por falta de oportunidades”.
En efecto, gran parte del drama social y de seguridad que vive la República del Paraguay se debe a esa dramática falta de oportunidades. De allí que la iniciativa impulsada por Marseg es digna de ser no solamente mencionada, sino también imitada por otros emprendedores nacionales. A esto debe apuntar, efectivamente, el principio fundamental de la responsabilidad social empresarial.
La maquila se constituye entonces en una herramienta válida para producir un mayor crecimiento económico en el país, pero también tiene la virtud de generar los nuevos puestos de empleo que muchos cientos de miles de compatriotas precisan perentoriamente para dejar atrás la exclusión, la marginalidad y el atraso en el que viven.
El caso ilustrado es la prueba más contundente de que cuando se crean condiciones para la radicación de la inversión privada, el trabajador paraguayo está a la altura de las circunstancias, respondiendo con determinación al desafío que se le presenta para embarcarse responsablemente en proyectos que redundan en beneficios para toda la sociedad.
http://www.ultimahora.com/saludable-experiencia-que-muestra-un-camino-posible-n821569.html
No ciertamente sin asumir muchos riesgos, pocos años atrás, un empresario paraguayo decidió asentar una industria maquiladora en el país. Tras captar el interés de un grupo de inversionistas brasileños, Andrés Gwynn instaló Maquiladora Artículos de Seguridad (Marseg) en la zona de Marquetalia, una localidad surgida de un asentamiento que durante mucho tiempo estuvo vinculado con la marginalidad.
En el curso de una entrevista publicada recientemente por nuestro diario, Gwynn explicó que parte importante del éxito se debió al compromiso de los trabajadores paraguayos y a la calidad de la mano de obra eficiente. Este nivel de concienciación, señaló, quedó evidenciado desde el comienzo, cuando se envió a un grupo de 30 jóvenes al Brasil para recibir capacitación especializada durante dos meses.
En la nota, Gwynn refiere que al comienzo del proyecto muchos descreyeron la viabilidad del mismo. “Incluso me trataron de inconsciente por haber decidido montar nuestra empresa en una zona marginal, pero pensé que si había gente en esa zona marginada era simplemente por falta de oportunidades”.
En efecto, gran parte del drama social y de seguridad que vive la República del Paraguay se debe a esa dramática falta de oportunidades. De allí que la iniciativa impulsada por Marseg es digna de ser no solamente mencionada, sino también imitada por otros emprendedores nacionales. A esto debe apuntar, efectivamente, el principio fundamental de la responsabilidad social empresarial.
La maquila se constituye entonces en una herramienta válida para producir un mayor crecimiento económico en el país, pero también tiene la virtud de generar los nuevos puestos de empleo que muchos cientos de miles de compatriotas precisan perentoriamente para dejar atrás la exclusión, la marginalidad y el atraso en el que viven.
El caso ilustrado es la prueba más contundente de que cuando se crean condiciones para la radicación de la inversión privada, el trabajador paraguayo está a la altura de las circunstancias, respondiendo con determinación al desafío que se le presenta para embarcarse responsablemente en proyectos que redundan en beneficios para toda la sociedad.
http://www.ultimahora.com/saludable-experiencia-que-muestra-un-camino-posible-n821569.html
martes, 12 de agosto de 2014
Las metas del milenio
Cuando la ONU, en los días de Kofi Annan, lanzó los denominados “objetivos del milenio”, el mundo miró con escepticismo la iniciativa. Catorce años después, y a uno de llegar a la fecha clave, el mundo no está mejor que en el 2.000 en cuanto a los ejes centrales de aquel programa de lucha contra la pobreza, el hambre y el subdesarrollo.
Veamos cuales son esos ejes: enseñanza primaria universal, igualdad de género y autonomía de la mujer, reducción de la mortalidad infantil, mejor salud materna, combate efectivo del VIH/SIDA, paludismo y otras enfermedades infectocontagiosas y garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. Veamos cómo aplica ese programa en nuestro país y pongámoslo frente a las acciones concretas encaminadas por el Gobierno actual con vistas a hacer realidad su programa de lucha contra la pobreza.
La enseñanza primaria es universal, gratuita y obligatoria en el Paraguay. La distribución de útiles escolares y del desayuno y almuerzo, aún con sus tropiezos y corrupciones, es una realidad. La estructura está bien, salvo el problema de las escuelas tapera y las escuelas “mangogype”. Pero el tropiezo mayor es la calidad de la enseñanza que se vierte con ese sistema, una batalla que todavía no hemos empezado a dar.
En cuanto a la igualdad de género y autonomía de la mujer, es un capítulo que recién se inicia. En el Paraguay, aunque el 31% de las mujeres son jefas de hogar, el desempleo que las afecta casi dobla al masculino, al igual que la subocupación. En promedio, las mujeres asalariadas siguen ganando un 40% menos que los hombres.
En lo relativo a la salud materno infantil, las muertes de mujeres en parto y de recién nacidos nos colocan entre los países de peor desempeño en este ítem crítico de la salud pública. En el combate al VIH, en cambio, el Paraguay muestra resultados sorprendentemente altos, con cobertura gratuita en atención y entrega de medicamentos, siendo además significativos los esfuerzos realizados para contener y revertir el impacto de enfermedades vectoriales como el dengue y el paludismo.
Pero tal vez sea en el último ítem, en el relativo a la sostenibilidad del medio ambiente, en donde el país acumula su pasivo más pesado. El desmonte descontrolado y la falta crónica de sistemas de disposición final y reciclado de desperdicios sólidos, líquidos y gaseosos convierten al país en su conjunto en una bomba ambiental de grandes proporciones.
Con algunos objetivos alcanzados, otros en camino y el resto muy lejos en el horizonte, el programa de metas del milenio sigue siendo un desafío actual y urgente para un Gobierno que se ha propuesto una reducción drástica de la incidencia de la pobreza para el 2018.
Con los ejes de la ONU a la vista, esa lucha es algo más que simple voluntarismo. Es gestión, ejecución y evaluación, meta por meta.
http://5dias.com.py/36135–metas-del-milenio-y-lucha-contra-la-pobreza
Veamos cuales son esos ejes: enseñanza primaria universal, igualdad de género y autonomía de la mujer, reducción de la mortalidad infantil, mejor salud materna, combate efectivo del VIH/SIDA, paludismo y otras enfermedades infectocontagiosas y garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. Veamos cómo aplica ese programa en nuestro país y pongámoslo frente a las acciones concretas encaminadas por el Gobierno actual con vistas a hacer realidad su programa de lucha contra la pobreza.
La enseñanza primaria es universal, gratuita y obligatoria en el Paraguay. La distribución de útiles escolares y del desayuno y almuerzo, aún con sus tropiezos y corrupciones, es una realidad. La estructura está bien, salvo el problema de las escuelas tapera y las escuelas “mangogype”. Pero el tropiezo mayor es la calidad de la enseñanza que se vierte con ese sistema, una batalla que todavía no hemos empezado a dar.
En lo relativo a la salud materno infantil, las muertes de mujeres en parto y de recién nacidos nos colocan entre los países de peor desempeño en este ítem crítico de la salud pública. En el combate al VIH, en cambio, el Paraguay muestra resultados sorprendentemente altos, con cobertura gratuita en atención y entrega de medicamentos, siendo además significativos los esfuerzos realizados para contener y revertir el impacto de enfermedades vectoriales como el dengue y el paludismo.
Con algunos objetivos alcanzados, otros en camino y el resto muy lejos en el horizonte, el programa de metas del milenio sigue siendo un desafío actual y urgente para un Gobierno que se ha propuesto una reducción drástica de la incidencia de la pobreza para el 2018.
Con los ejes de la ONU a la vista, esa lucha es algo más que simple voluntarismo. Es gestión, ejecución y evaluación, meta por meta.
http://5dias.com.py/36135–metas-del-milenio-y-lucha-contra-la-pobreza
Los más amados
A ver cómo les queda el ojo a los pesimistas, amargos y negativos de siempre. El Paraguay es uno de los países donde la gente se siente más amada. Esto según la encuestadora Gallup, que nuevamente este año nos sorprende con los resultados de un sondeo. Los de Gallup fueron a visitar 136 países y les hicieron esta pregunta: “¿Experimentó amor durante gran parte del día de ayer?”.
Las respuestas generaron el siguiente ránking: en los primeros lugares se ubican Filipinas (93%), Rwanda y Puerto Rico, seguidos por Hungría con un 89%, Chipre y Trinidad y Tobago con un 88%, y Paraguay con un 87%.
La información fue publicada en diversos portales internacionales y, aunque escueta, demuestra que este bendito país es nomás luego el paraíso en la tierra.
No hace mucho, en mayo, la misma empresa dio a conocer el resultado de otra encuesta.
Esa vez resultó que Paraguay era el país que produce más “energía positiva” para el mundo. Ese dato se interpretó como que somos el país más feliz del planeta.
La noticia dio vueltas al mundo y desde entonces el universo entero quiere venir a conocernos.
Según Gallup, el 87% de la población paraguaya produce lo que se conoce como “buenas vibraciones”.
De hecho, el estudio detallaba que el 70% de la población adulta ríe, bromea y sonríe frecuentemente en su día a día.

La Encuesta. Volviendo al sondeo entre los que se sienten amados, se debe aclarar que el único detalle que está ausente en la información es a quién le preguntaron.
Y como no ofrecen pista alguna, solo nos resta hacer suposiciones.
Es muy probable que los encuestadores le hayan preguntado al director de Itaipú y a sus ingresos de 108 millones. O le habrán preguntado al chofer que solo en horas extras gana 18 millones. O a la limpiadora que gana 8 millones. Por cierto, tampoco se aclaró qué cantidad de turbinas limpia la señora.
Para saber si se sienten amados los paraguayos estoy más que convencida de que los de Gallup hablaron con el director de copias del Senado; con el alto mando de Yacyretá que gana 90 millones, y con todos los funcionarios que reciben 4 aguinaldos.
87 por ciento de los paraguayos se sienten amados, y eso, señora, no es poco.
Porque es imposible no sentirse amado por todo un país que les paga salarios millonarios y viajes a Las Vegas y a Cancún a sus diputados y senadores, y a cambio no les pide ni exige absolutamente nada.
Brigitte Colmán
Las respuestas generaron el siguiente ránking: en los primeros lugares se ubican Filipinas (93%), Rwanda y Puerto Rico, seguidos por Hungría con un 89%, Chipre y Trinidad y Tobago con un 88%, y Paraguay con un 87%.
La información fue publicada en diversos portales internacionales y, aunque escueta, demuestra que este bendito país es nomás luego el paraíso en la tierra.
No hace mucho, en mayo, la misma empresa dio a conocer el resultado de otra encuesta.
Esa vez resultó que Paraguay era el país que produce más “energía positiva” para el mundo. Ese dato se interpretó como que somos el país más feliz del planeta.
La noticia dio vueltas al mundo y desde entonces el universo entero quiere venir a conocernos.
Según Gallup, el 87% de la población paraguaya produce lo que se conoce como “buenas vibraciones”.
De hecho, el estudio detallaba que el 70% de la población adulta ríe, bromea y sonríe frecuentemente en su día a día.
La Encuesta. Volviendo al sondeo entre los que se sienten amados, se debe aclarar que el único detalle que está ausente en la información es a quién le preguntaron.
Y como no ofrecen pista alguna, solo nos resta hacer suposiciones.
Es muy probable que los encuestadores le hayan preguntado al director de Itaipú y a sus ingresos de 108 millones. O le habrán preguntado al chofer que solo en horas extras gana 18 millones. O a la limpiadora que gana 8 millones. Por cierto, tampoco se aclaró qué cantidad de turbinas limpia la señora.
Para saber si se sienten amados los paraguayos estoy más que convencida de que los de Gallup hablaron con el director de copias del Senado; con el alto mando de Yacyretá que gana 90 millones, y con todos los funcionarios que reciben 4 aguinaldos.
87 por ciento de los paraguayos se sienten amados, y eso, señora, no es poco.Porque es imposible no sentirse amado por todo un país que les paga salarios millonarios y viajes a Las Vegas y a Cancún a sus diputados y senadores, y a cambio no les pide ni exige absolutamente nada.
Brigitte Colmán
viernes, 8 de agosto de 2014
Visión de Brasil para Paraguay y América Latina
La entrevista con José Felicio, embajador de Brasil en Paraguay, es fluida, agradable, propia del encuentro con un gran conversador que maneja con precisión todos los temas y fija muy directamente la política del gigante suramericano hacia el resto de América Latina.
Embajador antes en Uruguay y Cuba, el diplomático emprende con entusiasmo la presente tarea de mantener y mejorar los vínculos con Paraguay pero también llevar adelante los proyectos económicos y comerciales que son fundamentales para ayudar al Estado guaraní en imprescindibles planes de desarrollo.
Existe en el aspecto económico, más allá de la presencia brasileña en distintas áreas de esa especialidad algo trascendente que une a las dos naciones como expresión física a tener siempre en cuenta: la enorme hidroeléctrica de Itaipú.
Considerada la mayor de su tipo en el mundo, con sus 20 turbinas generadoras de energía y funcionando a plena capacidad, es inevitable punto de referencia a la hora de hablar sobre algo que une a Brasil y Paraguay.

Es uno de los más grandes proyectos binacionales existentes en el planeta, funciona muy bien, rompió el año pasado record de producción mundial y fue construida con recursos brasileños en los años 80, cuando algunos hablaban de una década perdida para América Latina, señaló el embajador.
La falta de industrialización paraguaya le impide consumir toda la parte de electricidad que le pertenece y por ello la vende a Brasil, de acuerdo con el Tratado vigente ,lo cual le proporcionó el pasado año ingresos por mil millones de dólares, de acuerdo a Felicio.
De acuerdo a los datos que aporta el comercio bilateral se estima en tres mil millones de dólares sin contar ese pago por la energía y en dos ocasiones la revisión de las cifras de venta de la energía permitieron aumentos del pago brasileño por acuerdos de su Congreso triplicando el monto a recibir por Paraguay.
Siempre hemos tenido en cuenta la asimetría existente en las economías de los socios del Mercosur como son Paraguay y Uruguay a fin de ayudarlos a progresar y por eso se creó un Fondo especial de unos 100 millones de dólares en el cual Brasil pone el 70 por ciento de los recursos aportado desde nuestro Presupuesto y del que Paraguay recibe la mayor parte, concretamente 70 millones, para los proyectos que quiera emprender, añadió.
Felicio recordó que, paralelamente, Brasil se hizo cargo de financiar con una parte de tal Fondo y otra de donación una línea de transmisión de energía desde Itaipú hasta Asunción con un costo de 500 millones de dólares y la reparación de las estaciones de distribución para facilitar a los paraguayos ofertar esa energía a las empresas que se instalen en el país.
Ahora estamos ayudando al gobierno paraguayo a traer inversiones de empresas brasileñas, precisamente de las que consumen energía, sobre todo las enclavadas en los estados brasileños vecinos de Matto Grosso do Sul, Paraná y Santa Catarina y ya vemos algunos resultados, pues de toda la inversión extranjera llegada a Paraguay en los últimos dos años lo principal proviene de empresas brasileñas, manifestó Felicio. Puntualizó que esto es algo muy importante para el futuro paraguayo, pues el país va a ganar con la creación de fuentes de trabajo, el cobro de impuestos y las futuras exportaciones de productos hechos aquí, tanto a Brasil como a otros compradores.
Recordó que esa masiva creación de empleos ayudará a resolver uno de los graves problemas existente en Paraguay y reducirá la emigración de sus nacionales al extranjero en busca de trabajo y permitirá el aumento de las exportaciones a Brasil, un mercado de 200 millones de habitantes con poder de compra, además del aumento del turismo brasileño con gastos relevantes en el exterior yel aumento de los lazos culturales en lo cual también trabaja la embajada.
La conversación giró hacia el escenario más amplio de la política brasileña en el ámbito de la integración latinoamericana desarrollada a través del Mercosur y también bilateralmente, de acuerdo a sus propias palabras.
Habló sobre la presencia positiva de Brasil en esa colaboración con países como Cuba, Perú y Bolivia, las grandes posibilidades en el Caribe y Centroamérica y la extraordinaria importancia de la reciente reunión del Grupo Brics con la Unión de Naciones Suramericanas.
Se refirió a la trascendencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y al importante papel jugado por Cuba durante su presidencia de esa nueva instancia y saludó que “allí estamos sin ningún padrino, ni americano ni europeo”.
Tenemos un criterio integrador y de desarrollo conjunto, de crecer en conjunto, los países grandes y los más pequeños, para ser mucho más fuertes en la región y encuentros como el sostenido con el grupo Brics es una oportunidad para acceder a mercados enormes como el de China cuyas inversiones en Brasil superan los 10 mil millones de dólares, planteó.
Esa visión integracionista está presente en la Constitución brasileña y estamos confiados que promocionando nuestras economías y con un fuerte mercado interno regional podemos despegar definitivamente, concluyó.
Por Javier Rodríguez*
* Corresponsal de Prensa Latina en Paraguay.
Embajador antes en Uruguay y Cuba, el diplomático emprende con entusiasmo la presente tarea de mantener y mejorar los vínculos con Paraguay pero también llevar adelante los proyectos económicos y comerciales que son fundamentales para ayudar al Estado guaraní en imprescindibles planes de desarrollo.
Existe en el aspecto económico, más allá de la presencia brasileña en distintas áreas de esa especialidad algo trascendente que une a las dos naciones como expresión física a tener siempre en cuenta: la enorme hidroeléctrica de Itaipú.
Considerada la mayor de su tipo en el mundo, con sus 20 turbinas generadoras de energía y funcionando a plena capacidad, es inevitable punto de referencia a la hora de hablar sobre algo que une a Brasil y Paraguay.
Es uno de los más grandes proyectos binacionales existentes en el planeta, funciona muy bien, rompió el año pasado record de producción mundial y fue construida con recursos brasileños en los años 80, cuando algunos hablaban de una década perdida para América Latina, señaló el embajador.
La falta de industrialización paraguaya le impide consumir toda la parte de electricidad que le pertenece y por ello la vende a Brasil, de acuerdo con el Tratado vigente ,lo cual le proporcionó el pasado año ingresos por mil millones de dólares, de acuerdo a Felicio.
De acuerdo a los datos que aporta el comercio bilateral se estima en tres mil millones de dólares sin contar ese pago por la energía y en dos ocasiones la revisión de las cifras de venta de la energía permitieron aumentos del pago brasileño por acuerdos de su Congreso triplicando el monto a recibir por Paraguay.
Siempre hemos tenido en cuenta la asimetría existente en las economías de los socios del Mercosur como son Paraguay y Uruguay a fin de ayudarlos a progresar y por eso se creó un Fondo especial de unos 100 millones de dólares en el cual Brasil pone el 70 por ciento de los recursos aportado desde nuestro Presupuesto y del que Paraguay recibe la mayor parte, concretamente 70 millones, para los proyectos que quiera emprender, añadió.
Felicio recordó que, paralelamente, Brasil se hizo cargo de financiar con una parte de tal Fondo y otra de donación una línea de transmisión de energía desde Itaipú hasta Asunción con un costo de 500 millones de dólares y la reparación de las estaciones de distribución para facilitar a los paraguayos ofertar esa energía a las empresas que se instalen en el país.
Ahora estamos ayudando al gobierno paraguayo a traer inversiones de empresas brasileñas, precisamente de las que consumen energía, sobre todo las enclavadas en los estados brasileños vecinos de Matto Grosso do Sul, Paraná y Santa Catarina y ya vemos algunos resultados, pues de toda la inversión extranjera llegada a Paraguay en los últimos dos años lo principal proviene de empresas brasileñas, manifestó Felicio. Puntualizó que esto es algo muy importante para el futuro paraguayo, pues el país va a ganar con la creación de fuentes de trabajo, el cobro de impuestos y las futuras exportaciones de productos hechos aquí, tanto a Brasil como a otros compradores.
Recordó que esa masiva creación de empleos ayudará a resolver uno de los graves problemas existente en Paraguay y reducirá la emigración de sus nacionales al extranjero en busca de trabajo y permitirá el aumento de las exportaciones a Brasil, un mercado de 200 millones de habitantes con poder de compra, además del aumento del turismo brasileño con gastos relevantes en el exterior yel aumento de los lazos culturales en lo cual también trabaja la embajada.
La conversación giró hacia el escenario más amplio de la política brasileña en el ámbito de la integración latinoamericana desarrollada a través del Mercosur y también bilateralmente, de acuerdo a sus propias palabras.
Habló sobre la presencia positiva de Brasil en esa colaboración con países como Cuba, Perú y Bolivia, las grandes posibilidades en el Caribe y Centroamérica y la extraordinaria importancia de la reciente reunión del Grupo Brics con la Unión de Naciones Suramericanas.
Se refirió a la trascendencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y al importante papel jugado por Cuba durante su presidencia de esa nueva instancia y saludó que “allí estamos sin ningún padrino, ni americano ni europeo”.
Tenemos un criterio integrador y de desarrollo conjunto, de crecer en conjunto, los países grandes y los más pequeños, para ser mucho más fuertes en la región y encuentros como el sostenido con el grupo Brics es una oportunidad para acceder a mercados enormes como el de China cuyas inversiones en Brasil superan los 10 mil millones de dólares, planteó.
Esa visión integracionista está presente en la Constitución brasileña y estamos confiados que promocionando nuestras economías y con un fuerte mercado interno regional podemos despegar definitivamente, concluyó.
Por Javier Rodríguez*
* Corresponsal de Prensa Latina en Paraguay.
lunes, 4 de agosto de 2014
Lo político pudre al Mercosur
En julio último, el expresidente del Gobierno español Felipe González afirmó en Asunción que “el Mercosur ahora está desbordado por la Unasur”. En realidad, la entidad regional que debió ser una unión aduanera ahora está más bien podrida por ese conglomerado político de notorio cariz izquierdista bolivariano. Quienes llevan la voz cantante en Unasur utilizan el escenario del Mercosur para plantear cuestiones del todo ajenas a sus objetivos, tal como se ha vuelto a ver en la reciente 46ª Cumbre de Caracas, mientras al mismo tiempo bloquean de hecho y de derecho la integración económica dentro del bloque.
En la citada Cumbre, solo el Paraguay planteó asuntos comerciales, mientras que los demás países prefirieron ocuparse de la Franja de Gaza, del conflicto de la deuda externa argentina y los “fondos buitre”, y hasta de la proclamación de Hugo Chávez y de Néstor Kirchner como “ciudadanos ilustres” del Mercosur. Valdría la pena saber qué hicieron estos dos personajes por la región, y en nuestro caso, por el Paraguay. Valdría la pena que los productores agrícolas y los industriales paraguayos publiquen la lista.
El Tratado de Asunción no pretendió que los países signatarios tuvieran una política exterior común, sino que alcanzaran un arancel externo común y eliminaran gradualmente las barreras aduaneras regionales. En los últimos años, sin embargo, se ha vuelto cada vez más notorio que la mayoría de los miembros del Mercosur prioriza lo político incluso al precio de violar el Tratado, tal como lo admitió orondamente el presidente uruguayo, José Mujica, al tratar de explicar la arbitraria suspensión de la membresía paraguaya, y tal como se reitera ahora, cuando se lanza el “Comunicado especial sobre la situación en Gaza” como un documento del Mercosur, pese a que no fue aprobado por unanimidad porque el Paraguay lo objetó.
Esta vez, Mujica ha dicho que se necesita “voluntad política para que haya integración” y que eso es “responsabilidad de los Gobiernos”. Una perogrullada, quizá, pero lo que ha venido faltando, precisamente, es esa voluntad de integrarse y hasta de ayudar para que los países más pequeños se industrialicen. Al Uruguay le ha costado y le cuesta mucho poner en funcionamiento la planta de celulosa de Fray Bentos, ante las sistemáticas trabas oficiales y extraoficiales de su vecino rioplatense. Ha visto entorpecida la construcción del puerto de aguas profundas de Rocha porque la banca estatal brasileña ha olvidado su promesa de financiarla, razón por la cual Mujica viajó a Washington en busca de recursos, pese a que “el Tío Sam está enfermo”, como acaba de revelar en Caracas para solaz de los presidentes de países tan rozagantes económicamente como Venezuela y Argentina.
También nuestro país quiere industrializarse, y por eso pidió que el régimen de normas de origen, de importación y de admisión temporaria fuera extendido hasta 2030, de modo que los productos fabricados aquí puedan tener hasta un 60% de componentes de países de extrazona. El pedido fue rechazado, lo mismo que el referente a que el Paraguay tenga una zona franca, como la tienen los demás miembros. Faltó incluso el apoyo uruguayo, pese a que más de una vez Mujica había planteado la necesidad de que los países relativamente pequeños formen una suerte de frente común para no ser avasallados por los grandes. En realidad, ya en septiembre de 2011 habló de “replantearse algunas cosas” en el Mercosur, cuando el Brasil aumentó en un 30% los aranceles previstos para la importación de vehículos, incluidos los procedentes del bloque regional.
Y bien, lo primero que corresponde es volver a la letra y al espíritu del Tratado de Asunción, recordando que el mercado implica, según su art. 1º, la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países, la creación de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común con respecto a otros Estados o grupos de ellos, la coordinación de políticas económicas y sectoriales y el compromiso de los Estados partes de armonizar sus leyes en las áreas pertinentes para fortalecer el proceso de integración. El Mercosur no implica, pues, una política diplomática exterior común frente a acontecimientos mundiales ni a litigios judiciales que cada uno de sus miembros pueda tener con sus acreedores.
Cuando se habla de “replantear” el bloque, no debe entenderse que ello signifique modificar el Tratado para convertir el Mercosur en un foro regional político –como lo convirtieron algunos–, sino reflexionar, justamente, acerca de si los Estados firmantes tienen la sincera intención de impulsar la integración económica, considerando también la asimetría que existe entre ellos. Por su condición mediterránea, el Paraguay sigue sufriendo trabas, por ejemplo, para exportar sus productos a través de la Argentina hasta el Uruguay, como lo viene denunciando el Centro de Armadores Fluviales. El presidente boliviano, Evo Morales, también se quejó amargamente en la última Cumbre de Caracas de las dificultades que tiene su país para introducir su banano a la Argentina.
Mientras persistan esas trabas –incompatibles con el Mercosur– no podrá afirmarse que realmente se quiera tener un mercado común, por más declaraciones rimbombantes que se hayan hecho en los cuarenta y seis encuentros presidenciales realizados hasta hoy.
La Alianza del Pacífico, creada en Chile en 2011, ha avanzado en tres años mucho más que el Mercosur en veintitrés, porque allí sí hay “voluntad política” de integración económica. Allí no prima lo político-ideológico sino el interés de crecer juntos, eliminando obstáculos comerciales. Que el Mercosur tome nota de lo que están haciendo sus vecinos, y de que los europeos crearon un verdadero mercado común antes de formar una Unión Europea, que con todo hoy solo tiene atisbos de una política exterior.
El Mercosur sabe perder el tiempo, según enseña una larga y dolorosa experiencia. No es serio, y lo político lo está pudriendo cada vez más.
http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/lo-politico-pudre-al-mercosur-1272695.html
En la citada Cumbre, solo el Paraguay planteó asuntos comerciales, mientras que los demás países prefirieron ocuparse de la Franja de Gaza, del conflicto de la deuda externa argentina y los “fondos buitre”, y hasta de la proclamación de Hugo Chávez y de Néstor Kirchner como “ciudadanos ilustres” del Mercosur. Valdría la pena saber qué hicieron estos dos personajes por la región, y en nuestro caso, por el Paraguay. Valdría la pena que los productores agrícolas y los industriales paraguayos publiquen la lista.
El Tratado de Asunción no pretendió que los países signatarios tuvieran una política exterior común, sino que alcanzaran un arancel externo común y eliminaran gradualmente las barreras aduaneras regionales. En los últimos años, sin embargo, se ha vuelto cada vez más notorio que la mayoría de los miembros del Mercosur prioriza lo político incluso al precio de violar el Tratado, tal como lo admitió orondamente el presidente uruguayo, José Mujica, al tratar de explicar la arbitraria suspensión de la membresía paraguaya, y tal como se reitera ahora, cuando se lanza el “Comunicado especial sobre la situación en Gaza” como un documento del Mercosur, pese a que no fue aprobado por unanimidad porque el Paraguay lo objetó.
Esta vez, Mujica ha dicho que se necesita “voluntad política para que haya integración” y que eso es “responsabilidad de los Gobiernos”. Una perogrullada, quizá, pero lo que ha venido faltando, precisamente, es esa voluntad de integrarse y hasta de ayudar para que los países más pequeños se industrialicen. Al Uruguay le ha costado y le cuesta mucho poner en funcionamiento la planta de celulosa de Fray Bentos, ante las sistemáticas trabas oficiales y extraoficiales de su vecino rioplatense. Ha visto entorpecida la construcción del puerto de aguas profundas de Rocha porque la banca estatal brasileña ha olvidado su promesa de financiarla, razón por la cual Mujica viajó a Washington en busca de recursos, pese a que “el Tío Sam está enfermo”, como acaba de revelar en Caracas para solaz de los presidentes de países tan rozagantes económicamente como Venezuela y Argentina.
También nuestro país quiere industrializarse, y por eso pidió que el régimen de normas de origen, de importación y de admisión temporaria fuera extendido hasta 2030, de modo que los productos fabricados aquí puedan tener hasta un 60% de componentes de países de extrazona. El pedido fue rechazado, lo mismo que el referente a que el Paraguay tenga una zona franca, como la tienen los demás miembros. Faltó incluso el apoyo uruguayo, pese a que más de una vez Mujica había planteado la necesidad de que los países relativamente pequeños formen una suerte de frente común para no ser avasallados por los grandes. En realidad, ya en septiembre de 2011 habló de “replantearse algunas cosas” en el Mercosur, cuando el Brasil aumentó en un 30% los aranceles previstos para la importación de vehículos, incluidos los procedentes del bloque regional.
Y bien, lo primero que corresponde es volver a la letra y al espíritu del Tratado de Asunción, recordando que el mercado implica, según su art. 1º, la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países, la creación de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común con respecto a otros Estados o grupos de ellos, la coordinación de políticas económicas y sectoriales y el compromiso de los Estados partes de armonizar sus leyes en las áreas pertinentes para fortalecer el proceso de integración. El Mercosur no implica, pues, una política diplomática exterior común frente a acontecimientos mundiales ni a litigios judiciales que cada uno de sus miembros pueda tener con sus acreedores.
Mientras persistan esas trabas –incompatibles con el Mercosur– no podrá afirmarse que realmente se quiera tener un mercado común, por más declaraciones rimbombantes que se hayan hecho en los cuarenta y seis encuentros presidenciales realizados hasta hoy.
La Alianza del Pacífico, creada en Chile en 2011, ha avanzado en tres años mucho más que el Mercosur en veintitrés, porque allí sí hay “voluntad política” de integración económica. Allí no prima lo político-ideológico sino el interés de crecer juntos, eliminando obstáculos comerciales. Que el Mercosur tome nota de lo que están haciendo sus vecinos, y de que los europeos crearon un verdadero mercado común antes de formar una Unión Europea, que con todo hoy solo tiene atisbos de una política exterior.
El Mercosur sabe perder el tiempo, según enseña una larga y dolorosa experiencia. No es serio, y lo político lo está pudriendo cada vez más.
http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/lo-politico-pudre-al-mercosur-1272695.html
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